La primera vez que usé un visor de realidad virtual lo dejé a los dos minutos. La imagen era borrosa, mareaba, el mundo temblaba. No había nada ahí dentro que valiera la pena aguantar.
Pero de niño había soñado con eso. Las películas prometían un futuro en el que te ponías unas gafas y desaparecías. Las atracciones de feria lo insinuaban, con aquellas salas inmersivas carísimas donde ibas una vez y salías mareado y un poco estafado. La realidad virtual era una promesa tecnológica que llevaba décadas sin cumplirse. Una de esas cosas que siempre estaban "a punto de llegar."
El año pasado volví a probarlo. Y esta vez algo pasó que no sé bien cómo describir: en algún momento dejé de saber dónde estaba físicamente. No era una pantalla con imagen en 360°. Era estar en otro sitio. Un sitio real, con peso, con profundidad, con aire.
La promesa de infancia. Por fin.
Llevo años persiguiendo esa sensación con una cámara. Levantarme antes del amanecer para llegar al lugar exacto cuando la luz cambia, encuadrar ese momento en que un paisaje se convierte en algo que no quieres que se acabe. Siempre supe que había una limitación en todo eso: por mucho que mejorase la imagen, el espectador seguía mirando desde fuera. Mirabas el recuerdo. No lo vivías.
Con el nuevo visor en las manos y la tecnología de filmación en 360° que había salido, entendí que esa limitación había desaparecido. Ya no era mirar. Era estar. Y si yo podía revivir un atardecer en una cala vacía como si estuviera pasando ahora mismo, cualquiera podía.
Entonces me acordé de los hospitales.
Hace años hacía voluntariado como mago en plantas de larga estancia. Pacientes que llevaban semanas, a veces meses, en la misma habitación. Los días medidos en visitas y medicación. Con un truco de magia les podía animar la tarde. A veces la semana entera. Con tan poco se hacía tanto.
Lo que yo veía ahí no era solo aburrimiento. Era desconexión. Pérdida del mundo de fuera. Y lo que un momento de magia conseguía, aunque fuera brevemente, era devolverles algo de ese mundo.
Pensé: ¿y si con este visor alguien pudiera salir de esa habitación diez minutos? Sin horarios, sin que nadie tenga que gestionarlo. Solo ponerse el visor y estar en algún sitio tranquilo.
Pero no era solo los hospitales.
Residencias de mayores donde personas que han pasado décadas al aire libre llevan años sin pisar un bosque o ver el mar. Consultas de psicología donde el paciente llega tan activado que no puede ni hablar, y el terapeuta necesita tiempo para bajar ese nivel antes de empezar. Clínicas dentales, donde la ansiedad empieza en el aparcamiento, mucho antes de sentarse en el sillón. Salas de descanso en empresas donde el estrés forma parte de la rutina y las estrategias para gestionarlo son limitadas.
En todos esos sitios hay personas que necesitan salir mentalmente de donde están, aunque sea unos minutos. Y hay evidencia clínica creciente —en entornos hospitalarios, en tratamientos de dolor crónico, en protocolos de ansiedad— de que la inmersión en naturaleza virtual reduce esa activación de forma medible. No es entretenimiento. Es regulación.
Cada vez estamos más desconectados de la naturaleza. Y cada vez hay más datos de lo que esa desconexión nos cuesta, en salud mental, en estrés, en capacidad de recuperación.
La tecnología que tenía entre manos podía hacer algo con eso.
Así nació Silent Trails: contenido de naturaleza inmersiva en realidad virtual, diseñado específicamente para entornos clínicos y de bienestar. No solo para el salón de casa. Para el sillón del dentista, la sala de espera del psicólogo, la habitación del hospital.
Filmo en los mismos sitios que he filmado siempre —costas, montañas, bosques, marismas, glaciares, ríos— pero ahora con otro objetivo: que alguien que no puede moverse pueda, durante unos minutos, estar ahí.
El proyecto acaba de arrancar, pero ya he podido ver la cara de los primeros pacientes cuando se ponen el visor. La misma cara que yo puse. Y eso me da la confianza de saber que voy por el buen camino.
¿Trabajas en salud, psicología o bienestar?
Silent Trails es una herramienta de inmersión en naturaleza con realidad virtual para centros de salud, clínicas dentales, residencias y entornos de bienestar corporativo.